Argumentos
Andrea Cheniér

Acto primero
En el castillo de los Condes de Coigny, situado en una provincia francesa, se celebra una fiesta, un día de 1789. El mayordomo y los sirvientes concluyen de arreglar el salón. Entre los últimos se halla Gérard, influido por las ideas revolucionarias de la época.
Entran la Condesa, su hija Magdalena y la mulata Bersi, quienes se informan de los preparativos de la fiesta, cuya hora se aproxima. Magdalena, enemiga de las modas ridículas del momento, se retira para vestirse. Van llegando los invitados, nobles, abates, personajes diversos. Entre ellos vienen un escritor, un músico y el poeta , muy joven y desconocido. Se conversa sobre las nuevas ideas políticas que agitan a París las cuales son censuradas por todos.
Se presentan damas, vestidas de pastoras, según el gusto de la época. Luego, cuando se sabe que allí se encuentra un novel poeta, le ruegan que recite. Al principio, algo cohibido, Chénier rehúsa. Sin embargo, accede al deseo de Magdalena, cuya belleza cautiva su atención. El poeta, con gran elocuencia, improvisa unos versos inspirados en sentimientos liberales y humanitarios que producen escándalo. Magdalena toma la defensa del joven, quien conmovido ante el rasgo de la niña, se retira precipitadamente.
Los invitados se disponen a continuar la fiesta, danzando, pero de nuevo es interrumpida por la aparición de una multitud de hambrientos, la cual, introducida por Gérard, clama justicia. La indignación de todos es enorme. La Condesa increpa y despide a Gérard, quien responde con insolencia y se quita la librea.
Los sirvientes y lacayos expulsan a la plebe intrusa. La Condesa se desmaya de disgusto y vergüenza, pero al reponerse pide excusas a sus invitados y ruega que continúe alegremente la fiesta, olvidando los ingratos incidentes ocurridos.


Acto segundo
Han transcurrido cinco años, y vemos un paseo de París en pleno Terror. "Sansculottes" y "Carmañolas" se confunden con el pueblo. Uno de aquéllos, llamado Mathieu, con el sobrenombre de "Populus", limpia un busto de Marat, que se ha colocado en un altar.
Bersi, vestida de "Merveilleuse", es vigilada por un "incroyable", cuyas sospechas trata de disipar vanamente la mulata. Andrea Chénier refiere a su amigo , que recibe cartas de una mujer misteriosa. La dama sabe que peligra la vida del poeta y trata de convencerlo para que, mediante un pasaporte, huya de París. También le confiesa que aquella mujer no será sino una despreciable cortesana; pero Chénier al fin, se dispone a aceptar el prudente consejo.
Del Palacio de los Quinientos salen los representantes de la Nación y una gran multitud se agolpa a su paso, aclamándolos, especialmente a Robespierre.
Entretanto, el "incroyable" conversa con Gérard, que anhela encontrar a Magdalena de Coigny y que ha encomendado su busca al espía. Este observa también a  y a Chénier, considerados sospechosos.
Un grupo de alegres "merveilleuses" invade la escena y desciende al subterráneo de un café. Una de ellas (Bersi) da una cita a Chénier de parte de una mujer amenazada de gran peligro, y sus palabras son sorprendidas por el espía. Roucher dice a su amigo que desconfíe de una posible celada, pero el poeta no le escucha.
La noche avanza, y el lugar va quedando solitario. Mathieu, cantando la "Carmañola", enciende una linterna en el altar de Marat. Luego se aleja. El "incroyable" reaparece y se oculta.
Magdalena llega temerosa, acudiendo Chénier a su encuentro, y la reconoce con vivo asombro. La joven aristócrata le informa que su familia ha perecido, y le pide auxilio. El amor latente en sus corazones se inflama y, prometiéndose felicidad se disponen a huir, cuando son sorprendidos por Gérard, a quien sigue el espía. El antiguo criado de Magdalena, que ha conservado por ella secreta pasión, intenta arrebatársela a Chénier. El poeta desnuda la espada, batiéndose con Gérard al que hiere, dejándolo gravemente herido, y entonces es informado por el propio Gérard de que su nombre ya está anotado por el acusador público. El pueblo acude enfurecido pero Gérard para salvarlo declara que desconoce a su ofensor y la muchedumbre exaltada comete desmanes.


Acto tercero
En una sección del Comité de Salud Pública, Mathieu, con poco éxito, arenga al pueblo para que entregue fondos y recursos a fin de que la patria pueda defenderse de la guerra declarada por los extranjeros y por los franceses realistas. La reemplaza Gérard, ya sano, quien con mejor fortuna logra despertar el entusiasmo abundando los donativos. La vieja ciega Madelón ofrece a su hijo para el ejército.
Entra el "incroyable" y dice a Gérard que Chénier ha sido apresado y se halla en Luxemburgo. Lo induce a que firme una acusación contra el poeta, y Gérard, que herido fue generoso y quiso salvar la vida de Chénier, lo acusa ahora falsamente de traidor a la República. Parte el espía con la acusación y llega Magdalena desolada, implorando clemencia a Gérard para salvar a su amado.
El que fue criado de la joven aristócrata, declara entonces la antigua pasión que siente por ella. Magdalena sufriendo horrible angustia, concluye afirmando que daría su cuerpo y aún su vida por salvar al poeta. Gérard se conmueve, al fin, arrepintiéndose de su infame acusación y promete interceder en favor del detenido. Llega la plebe, que viene a presenciar los juicios. Entran también los jurados, el acusador y los procesados, a quienes no se permite la defensa.
Solamente a Chénier se le concede la palabra e impresiona al pueblo en su favor aceptando escuchar a los testigos. Gérard se presenta, declarando que acusó falsamente y al desdecirse se le supone comprado y farsante. No convence y, finalmente, el tribunal condena a muerte a todos los procesados.


Acto cuarto
El patio de la prisión de San Lorenzo
Chénier confía a , sus últimos y tristes recuerdos de Magdalena, cuando llega Gérard, diciendo que ha logrado satisfacer el ruego de la joven, introduciéndola en la prisión. En efecto, Magdalena está allí; viene a morir con su amado y pide sustituir a una de las condenadas a muerte, una joven madre: Lidia Legrée, tomando su identidad. Entrega sus últimas joyas al carcelero, quien se presta a satisfacer aquel deseo de la infortunada doncella.
Aparece la carreta de los condenados, quienes son llamados por el carcelero y los gendarmes. Al ser nombrados, Magdalena y Chénier parten unidos hacia el cadalso.

Independencia 3721 1º C (C1226AAC) Buenos Aires - Tel.: 5263 - 0323 - info@avantialui.com.ar